domingo, 5 de julio de 2015

Zen


Un anciano ha dedicado toda su vida a la cría de caballos.
Un día, su mejor caballo, se escapa del cercado y huye lejos Cuando se enteran en el pueblo empiezan a compadecer al anciano. Sin embargo él se dice “suerte o mala suerte, quien sabe”.
Pasan unos días y el caballo regresa acompañado de varias yeguas salvajes. La exclamación de la gente es unánime: “¡Qué suerte! ¡Qué afortunado!”. El anciano vuelve a responder: “suerte o mala suerte, quien sabe”.
Unos días más tarde, su hijo intenta domar a una de las yeguas. Ésta, encabritada, le tira y le rompe una pierna. El coro de los vecinos no tarda en decir lo previsible: “¡Qué mala suerte!...” El viejo domador de caballos conserva su tranquilidad: “suerte o mala suerte…quien sabe”.
A los pocos días se presenta el ejército del Emperador para reclutar a todos los jóvenes del pueblo. Se los llevan a la guerra. Sólo el hijo herido del anciano, incapacitado, se libra. Con lágrimas en los ojos la gente del pueblo vuelve a exclamar: ¡Qué suerte has tenido, anciano! . Él, sigue diciendo. Suerte o mala suerte, …quien sabe”



El viejo dicho "todo pasa por algo" parece un consuelo barato...
...Pero cuando un día ves como todas las fichas empiezan a caer en su sitio gracias a un detalle acontecido años atrás ... por ahí empiezas a pensar que tal vez no sea tan barato el consuelo... empiezas a tener paciencia y a encarar las "adversidades" de otra forma...que a lo mejor no son adversidades...total... al final las fichas se acomodan solas